lunes, 1 de diciembre de 2008
MARTÍN CARTÓN
Tuve un pago en un tiempo
y hijos, ranchito y mujer,
pero empecé a padecer,
me llevaron al terraplén,
¡y qué iba a hallar al volver!
Tan sólo hallé otra vendeta.
Sosegao vivía en mi rancho
como el pájaro en su nido,
allí mis hijos queridos
iban creciendo a mi lao…
sólo queda al desgraciao
lamentar el bien perdido.
Mi gala en el conurbano
era, en habiendo más gente,
ponerme medio caliente,
pues cuando puteado me encuentro
me salen cumbias de adentro
como agua de la virtiente.
Regueteando estaba una vez
en una gran fiestón,
y aprovecho la ocasión
como quiso el puntero barrial…
se presentó, y ahi nomás
hizo rastrillaje en montón.
Juyeron los más culiados
y lograron escapar:
yo no quise disparar,
soy macho y no había porqué,
muy tranquilo me quedé
y ansí me dejé pillar
allí un rati con un bastón
y una mona que bailaba,
haciéndonos rair estaba,
cuanto le tocó fajaba,
¡tan grande el rati y tan feo,
lo viera cómo nos cagaba!
Hasta un turista explorador
que decía de la última guerra
que él era de la oenegé
y que no quería servir,
también tuvo que juir
a guarecerse en la villa.
Ni los mirones salvaron
de esa arriada de mi flor,
fui empujado al cartón
por el rati y su mona,
a ninguno, lástima, dejó
libre el polizón.
Formaron un contingente
con los que del baile arriaron,
con otros nos mezclaron,
que habían agarrao también,
las cosas que aquí se ven
ni peronistas las pensaron.
A mí el puntero tomó entre ojos
en la última votación:
me le había hecho el remolón
y no me arrimé ese día,
y él dijo que yo servía
a los de la comunicación.
Y ansí sufrí ese castigo
tal vez por culpas ajenas,
que sean malas o sean güenas
las listas, siempre me escondo:
yo soy gaucho cartonero
y esas cosas no me enllenan.
Al mandarnos nos hicieron
más promesas que a un altar,
el puntero nos jue a proclamar
y nos dijo muchas veces:
muchachos, a los seis meses
los van a ir a relevar.
Yo llevé un moro de número
¡sobresaliente el pijudo!
Con él patee la paternal
y más plata que agua bendita:
siempre el gaucho necesita
un pingo pa fiarle un chucho.
Y cargué sin dar mas güeltas
con las chatas que tenía:
chapa, colchón, todo cuanto había
en casa, tuito lo alcé:
a mi china la dejé
medio pelada ese día.
No me falta una guasca,
esa ocasión eché el resto,
olla, cuchillo, televisor,
gorra, calzón y fasito…
¡el que hoy tan pobre me vea
tal vez no creerá todo esto!.
Ansí en el tren, escarciando,
enderecé al tren y la frontera.
¡Paticero si usté viera
lo que se llama cartón!…
Ni envidia tengo al ratón
en aquella ratonera.
De los pobres que allí había
a ninguno lo largaron,
los más viejos rezongaron,
pero a uno que se quejó
en seguida lo estaquiaron,
y la cosa se acabó.
En la lista de la tarde
el jefe nos cantó el punto
diciendo: quinientos juntos
llevará el que se resierte;
lo haremos pitar del juerte,
mas bien dese por dijunto.
A naides le dieron carrito,
pues toditos los que había
el puntero los tenía,
sigún dijo esa ocasión,
pa repartirlas el día
en que hubiera la invasión.
Al principio nos dejaron
de haraganes revolviendo sebo,
pero después… no me atrevo
a decir lo que pasaba…
¡barajo!… Si nos trataban
como se trata a los esclavos.
Porque todo era jugarle
por los lomos con la espada,
y aunque usté no hiciera nada,
lo mesmito que en palermo,
le daban cada cepiada
que lo dejaban enfermo.
¡Y qué indios, ni qué servicio;
si allí no había ni casillas!
Nos mandaba el puntero
a ensuciar en las llecas,
y dejábamos las basuras
que las llevara el recolector.
Yo primero recogí cartón
y después reciclé botellas,
quemé cables pa el cobre,
hice casillita, robé electricidá...
¡la pucha que se trabaja
sin que le larguen una guita!
Y es lo pior de aquel enriedo
que si uno anda hinchando el lomo
se le apean como un plomo...
¡quién aguanta aquel infierno!
si eso es servir al gobierno,
a mí no me gusta el cómo.
Más de un año nos tuvieron
en esos trabajos duros;
y los pobres pobres, le asiguro
venían cuando querían:
como no los perseguían,
siempre andaban sin apuro.
A veces decía al volver
de la ciudad la descubierta
que estuviéramos alerta,
que andaba adentro la yuta,
porque había una rastrillada
o estaba una yegua muerta.
Recién entonces salía
la orden de cartonear más y más,
y caíbamos a Belgrano
en pelos y hasta enancaos,
sin zapas, cuatro pelaos
que íbamos a hacer jabón.
Ahi empezaba el afano
-se entiende, de puro vicio-
de enseñarle el ejercicio
a tanto gaucho recluta,
con un estrutor... ¡qué... burra!
que nunca sabía su oficio.
Daban entonces los carros
pa recolectar más cartones,
que eran cajas con gomones
con ataduras de tiento...
los de largo viaje no los cuento
porque había municiones.
Y un sargento chamuscao
me contó que las tenían
pero que ellos la vendían
para cazar pendejos;
y así andaban noche y día
dele bala a los borregos.
Y cuando se iban verdaderos pobres
con lo que habían manotiao,
salíamos muy apuraos
a perseguirlos de atrás;
si no se llevaban más
es porque no habían hallao.
Allí sí, se ven desgracias
y lágrimas y afliciones;
naides le pida perdones
al pobre: pues donde dentra,
roba y mata cuanto encuentra
y quema a ricachones.
No salvan de su juror
ni los pequeños angelitos;
viejos, mozos y chiquitos
los matan del mesmo modo:
que el chorro lo arregla todo
con la bala y con gritos.
Tiemblan las carnes al verlo
volando al viento la cerda,
la rienda en la mano izquierda
y la lanza en la derecha;
ande enderieza abre brecha
pues no hay lanzazo que pierda.
Hace casillas tremendas
desde abandonado destierro;
ansí llega medio muerto
de hambre, de sé y de fatiga;
pero el negro es una hormiga
que día y noche está despierto.
Sabe revisar la mierda
como naides le asemeja;
cuanto el vecino arroja,
revuela basura perdida,
y si no alcanza, sin vida
es siguro que se queda.
Y el pobre es como cuca
de duro para pisar;
si lo llega a destripar
ni siquiera se le encoge;
luego sus tripas recoge,
y se agacha a disparar.
Hacían el robo a su gusto
y después se iban de arriba;
se llevaban las vecinas,
y nos contaban que a veces
les descarnaban los pieses,
a las chetitas vivas.
¡Ah! ¡si partía el corazón
ver tantos males, pendejo!
los perseguíamos de lejos
sin poder ni golpiar;
¡y qué habíamos de alcanzar
en unos vichocos viejos!
Nos volvíamos al cartón
a las dos o tres jornadas,
quemando la cableada;
y pa que alguno la venda,
rejuntábamos la hacienda
que habían dejao rezagada.
Una vez entre otras muchas,
tanto salir al botón,
nos pegaron un jabón
los negros y una fajada,
que la gente acobardada
quedó dende esa ocasión.
Habían estao escondidos
aguaitando atrás de un portón...
¡lo viera a su amigo Cartón
aflojar como un blandito!
salieron como piña
en cuanto apareció el polizón.
Al punto nos dispusimos
aunque ellos eran bastantes;
la formamos al instante
nuestra gente, que era poca,
y golpiándose en la boca
hicieron fila adelante.
Se vinieron en tropel
haciendo temblar la tierra.
no soy manco pa la guerra
pero tuve mi jabón,
pues iba en un redomón
que había boleao en la sierra.
¡Qué puterío! ¡qué quilombo!
¡qué apurar esa carrera!
la pobreza todita entera
dando alaridos cargó,
¡jue pucha!... Y ya nos sacó
como puta mal culiada.
¡Qué fletes traiban los cabezas!
¡como una luz de motoqueros!
hicieron el entrevero
y en aquella mezcolanza,
este quiero, éste no quiero,
nos escogían con la lanza.
Al que le daban un pinchazo,
dificultoso es que sane.
en fin, para no echar panes,
salimos por esa villa,
lo mesmo que las palomas
al juir de los gavilanes.
¡Es de almirar la firmeza
con que admiran a Eva!
de rezar nunca dejan,
y nos traiban estampados.
¡si queríamos, de apuraos,
salirnos por las orejas!
Y pa mejor de la fiesta
en esa aflición tan suma,
vino un negro echando espuma,
y con la estampa en la mano,
gritando: acabáu comprado,
besa a Eva rogando.
Tendido en el zanjón,
sangrando por el brazo
una estampa como crucifijo,
me atropelló dando gritos:
si me descuido... El maldito
me levanta de un piñazo.
Si me atribulo o me encojo,
siguro que no me escapo:
siempre he sido medio guapo,
pero en aquella ocasión
me hacía buya el corazón
como la garganta al sapo.
Dios le perdone al salvaje
las ganas que me tenía...
desaté las cuchillas
y lo clavé hasta las bolas...
¡pucha...! Si no traigo las puntas
me achura el negro ese día.
Era el hijo de un cacique,
sigún yo lo averigüé;
la verdá del caso jue
que me tuvo apuradazo,
hasta que por fin de un cuchillazo
del caballo lo bajé.
Ahi no más me tiré al suelo
y lo pisé en las paletas;
empezó a hacer morisquetas
y a mezquinar la garganta...
pero yo hice la obra santa
de hacerlo estirar la jeta.
Allí quedó de mojón
y en su caballo salté;
de la pobreza disparé,
pues si me alcanza me mata,
y al fin me les escapé,
con el hilo de una pata.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
METAFÍSICA DEL CARTONERO
redondea aspiraciones.
La trascendencia se mide
como un verdulero pesa duraznos con la mano.
Como cristo cartoneando
en cruz arrastro el carro redentor.
El durazno se pone blando al fin y se deshace.
Como se derrama el credo en murmullo.
La gloria se puede amontonar como cartones.
Cuando viene un melón numinoso,
se infla el recuerdo.
El melón lo infla como el papel mojado se infla.
lunes, 3 de noviembre de 2008
MARTÍN CARTÓN
Ninguno me hable de penas,
porque yo penado vivo,
y naides se muestre canchero
aunque en el carro esté:
que suele quedarse a pie
el más alvertido cartonero.
Junta esperencia en la lleca
hasta pa dar y manguear
quien la tiene que patear
entre sufrimiento y llanto,
porque nada enseña tanto
como el sufrir y el llorar.
Viene el hombre pobre al mundo,
ilusionándolo la promesa,
y a poco andar ya lo alcanzan
las desgracias politiqueras,
¡la pucha, que trae pobreza
el gobierno con sus mudanzas!
Yo he conocido esta patria
en que el linyera vivía
y un ranchito tenía
y sus hijos y mujer…
era un empacho ver
como curaban los días.
Entonces… cuando el puntero
tiraba mangos pordioseros,
y los gatos con su hambre
nos decían que el día llegaba,
a la cocina rumbiaba
el gaucho… que un encanto.
Y sentao junto al jogón
a esperar que llegue el día,
al cimarrón le prendía
hasta ponerse rechoncho,
mientras su gata dormía
tapadita bajo colchón.
Y apenas la noche
empezaba madrugar,
los vecinos a limpiar,
y los pibes a chorear,
era cosa de largarse
cada cual a cartonear.
Este se ata las yantas,
se sale el otro fumando,
uno busca un cartón blando,
este un faso, otro un basural,
y los pingos relinchando
van por la ciudad.
El que era escuálido domador
regresaba a la Paternal,
ande estaba el animal
bufidos que se las pela …
y más malo que su agüela,
se hacia astillas el bagual.
Y allí el gaucho inteligente,
en cuanto el potro enriendó,
los cueros le acomodó
y se le sentó en seguida,
que el hombre muestra en la vida
la astucia que el Tata dio.
Y en las llecas corcoviando
cartones se hacía el sotreta
mientras por el empedrado
ahuecaba la gran vía,
y al ruido del galope pobre
salía haciendo gambetas.
¡Ah, tiempos!… ¡Si era un orgullo
ver cartonear un paisano!
Cuando era gaucho baquiano,
aunque el potro se boliase,
no había uno que no parese
con el caño en la mano.
Y mientras robaban unos,
otros a la ciudad salían
y la falopa recogían,
las manadas repuntaban,
y ansí sin sentir pasaban
entretenidos el día.
Y verlos al cair la tarde
en la cocina riunidos,
con el juego bien prendido
y mil cosas que contar,
drogarse muy divertidos
hasta después de cenar.
Y con el buche bien lleno
era cosa superior
irse en brazos del amor
a dormir como la gente,
pa empezar el día siguiente
las fainas del día anterior.
Ricuerdo ¡qué maravilla!
Cómo andaba la guachada
siempre alegre y bien fumada
y dispuesta pa el mangazo…
pero hoy en día… ¡bajonazo!
No se la ve de porriada.
El gaucho más infeliz
tenía algún carro rastrero,
le faltaba un consuelo
y andaba la gente pilla…
teniendo la ciudad a la vista,
sólo vía terraplén y cielo.
Cuando llegaban las putas,
¡cosa que daba calor!
Tanto gaucho pegador
y tironiador sin yel.
¡Ah, tiempos… pero si en él
se ha visto tanto coraje!
Aquello no era trabajo,
mas bien era injusticia,
y después de un güen tirón
en que uno se daba pepa,
pa darle un trago al cana
solía llamarlo el polizón.
Pues vivía la puta juana
siempre bajo la carreta,
y aquel que no era natalia,
en cuanto el rosquete abría,
sin miedo se la ponía
como güérfano a la teta.
¡Y qué jugadas se armaban
cuando estábamos riunidos!
Siempre íbamos enchufados,
pues en tales ocasiones
a ayudarle a los pendejos
caiban muchos comedidos.
Eran los días del apuro
y alboroto pa hambrunaje,
pa preparar los potajes
y osequiar bien a la gente,
y así, pues, muy grandemente,
pasaba siempre el pillaje.
Vení, a la carne con cuero,
la sabrosa guisada,
marihuana pien pisada,
los pasteles y el güen vino…
pero ha querido el destino
que todo aquello acabara.
Estaba el gaucho en su pago
con toda siguridá,
pero aura… ¡barbaridá!,
La cosa anda tan fruncida,
que gasta el pobre la vida
en juir de la autoridá.
Pues si usté pisa en su rancho
y si el gobierno lo sabe,
lo caza lo mesmo que ave
aunque su mujer aborte…
¡no hay tiempo que no se acabe
ni clientela que no se corte!.
Y al punto dese por muerto
si el gobierno lo bolea,
pues ahí nomás se le apea
con una felpa de palos;
Y después dicen que es malo
el gaucho si los chorea.
Y el lomo le hinchan a golpes,
y le rompen la cabeza,
y luego con ligereza,
ansí lastimao y todo,
lo amarran codo a codo
y pa el cepo lo enderiezan.
Áhi comienzan sus desgracias,
áhi principia el destino,
porque ya no hay salvación,
y que usté quiera o no quiera,
lo mandan a cartonear
y lo echan vía al tren..
Ansí empezaron mis males
lo mesmo que los de muy muchos;
si gustan… en otros chamuyos
les diré lo que he parido,
después que uno está… perdido
no lo salvan ni los chanchos.
domingo, 2 de noviembre de 2008
Los comulgados
- “Y así es, Blanco, mire, mañana, usted, yo, el viejo Antúnez. Cualquiera puede estar muerto mañana. Así como si nada estar simplemente muertos. Y el barrio ni enterado. Pero ante la idea de estar finado mañana, se impone siempre la idea de no estarlo, de zafar un día más.”
Y apuraba el gancia, dos sorbos interrumpidos por unos palitos salados.
- “No vaya a pensar que uno es pesimista. Lo único que digo es que lo bueno de vivir es saber que mañana podemos seguir vivos. Aún los condenados a muerte, los presos tienen la esperanza de escapar o que los indulten. Pero que haríamos si supiéramos con certeza, si tuviésemos la fija, que mañana se acaba la cosa.”
Yo lo miraba, para que le iba a contestar si él ya tenía respuestas a sus preguntas.
- “En la historia hubo uno solo, que lo supo y ya vio lo que hizo.”
-“¿Qué hizo?- me pareció más prudente que preguntar “quien”.
-“Se fue con doce amigos a comer afuera, de joda, sin putas ni cabaret, ni autos de carrera ni caballos. Solo doce amigos, vino y comida.”-
Lo miré. Solo conocía unos doce, que habían comido juntos la noche antes del final.
-“Y… ¿Sabe porque?-
No quería pero iba a tener que escucharlo, así que me acomodé en la silla. No se podía discutir con Bartolomé cuando hablaba “en materia”.
-“Porque ese es el único amor verdadero, mi amigo”- a no, no, no pensé y no dije- “el único amor verdadero es entre hombres. La mujer solo sabe amar a los hijos, y ama al hombre que sea el padre de sus hijos. Pero el amor, así sin interés, el amor de juntarnos a comer, el amor de moriremos con usted si hace falta o lo dejaremos morir sin quejarnos si usted lo pide. Ese amor solo se puede dar entre machos.”- yo miraba – “Ya sé. Es de putos, pensará usted. Pero en serio le digo. Usted o yo por ejemplo. ¿Cuántos amigos tenemos? Y me va a decir que no hay amor entre nosotros. Claro lo que pasa es que nos pudrieron la cabeza con que ni en pedo puede usarse el verbo amar entre machos. Nos llenaron de mierda la cabeza. ¿Quienes? Los curas, mi amigo. Ellos inventaron la mentira. Por eso de la familia. Inventaron el verso de la familia como centro. Que mierda va ser la familia el centro. El centro de la sociedad son los doce amigos cazando juntos. Esa es la sociedad humana doce cazadores, doce guerreros, doce amigos peleándola juntos. La Humanidad está formada por dos grupos, los hombres, juntos unidos en la amistad y en el amor verdadero. Y las hembras con las crías, en otro grupo más fuerte y con un amor distinto.”
Yo lo miraba y lo único que podía pensar es quien diría que Bartolomé era puto.
-“Pero que pasa con el sexo.”- ahora venia lo fuerte- “el sexo es pecado. ¿Por qué es pecado? Porque es el triunfo de la hembra sobre el macho, por eso lo digo e insisto en eso. Las hembras impusieron la mentira del amor entre hombres y mujeres. Simplemente para tener sexo al proveedor de comida de sus hijos. Por eso el sexo es pecado fuera del matrimonio. La calentura es la argolla que nos ata a la cadena del matrimonio.
Pero si ya lo dice la Biblia, cuando llegó la hora de morir, quienes estaban al lado del dios – hombre. Su amigo, su madre y una puta. Nada de familia, nada de hijitos llorando por ahí. La vieja, un amigo y un giro. Eso es todo lo que se puede pedir.”
Pedí la última vuelta de gancia y le hice notar a Antunez que el plato de palitos estaba vacío.
Hace un rato solo quería irme… ahora quería escuchar.
Miré el reloj. Bartolomé miro la puerta del baño.
-“Ahora vengo” - dijo.
-“Vaya nomás, que aquí lo espero.”-
sábado, 1 de noviembre de 2008
MARTÍN CARTÓN. POEMA GAUCHO
Aquí me pongo a chantar
Al pedir de la cerveza,
Que el hombre que lo despierta
Una bocina estraordinaria
Como la rata solitaria
Con el maullar se consuela.
Pido a punteros del gobierno
Que compren mi pensamiento;
Les pido en este momento
Que voy a contar mi historia
Me sequen la memoria
Y quemen mi entendimiento.
Vengan pastores milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la bronca se me añuda
Y me turba pensar;
Pido a Dios que me asista
En una ocasión tan cruda.
Yo he visto muchos cartones,
Con famas bien obtenidas,
Y que después de adquiridas
No quieren reciclar
Parece sin venderlas
se cansaron repartirlas
Mas ande otro pillo pasa
Martín Cartón ha de pasar;
nada lo hace recular
ni los pacos lo espantan,
y dende que todos fuman
yo también quiero fumar.
Fumando me he de morir
fumando me han de enterrar,
Y fumando he de llegar
Al pie del eterno padre:
Dende el vientre de mi madre
Vine a este mundo a gritar.
Que no se trabe mi lengua
Ni me falte la palabra:
El chupar mi gloria labra
Y poniéndome a chupar,
chupando me he de fumar
Aunque el cielo se abra.
Me siento al lado del tren
A gritar un cuento:
Como si soplara el gobierno
Hago tiritar los pacos;
Con picas, birra y fasos
Juega allí mi pensamiento.
Yo no soy pueta letrao,
Mas si me pongo a mentir
No tengo cuándo acabar
Y me envejezco verseando:
Las vinos me voy tomando
Como agua de manantial.
Con el carro en la mano
Ni las chusmas se me arriman,
Naides me pone el pie encima,
Y cuando el pecho se agota,
Hago gemir a la vecina
Y llorar a la gordona.
Yo soy gato en mi rodeo
Y poli en rodeo ajeno;
Siempre me tuve por güeno
Y si me quieren probar,
Salgan otros a robar
Y veremos quién es menos.
No me hago al lao de la yuta
Aunque vengan degollando,
Con los putos yo soy puto
Y soy pillo con los pillos,
Y ninguno en un apuro
Me ha visto andar cagando.
En el peligro, ¡qué Jesus!
El corazón se me enancha,
Pues toda la patria es cancha,
Y de eso naides se pille:
El que se tiene por gato
Ande quiere hace pata ancha.
Soy gaucho, y entiendaló
Como mi lengua lo esplica:
Para mí la ciudad es chica
Y pudiera ser mayor;
Ni la pasta me pica
Ni quema mi frente el sol
Nací como nace el pobre
En el fondo de la mar;
Naides me puede quitar
Aquello que Dios robó
Lo que al mundo ratee yo
Del mundo lo he de llevar.
Mi gloria es vivir tan libre
Como el pobre del sanjón:
hago nido en este suelo
Ande hay tanto que sufrir,
Y naides me ha de echar
si un techo he de levantar.
Yo no tengo en la vida
Quien me venga con quejas;
Como esas chicas tan bellas
Que saltan de tarde,
Yo hago en el pozo mi cama,
Y me cubren las estrellas.
Y sepan cuantos lloran
De mis penas el relato,
Que nunca robo ni mato
Sino por necesidá,
Y que a tanta alversidá
Sólo me arrojó al mal patrio
Y recuerden la relación
de un gaucho cartoneando,
que padre y marido ha sido
vendido y dirigente,
y sin embargo la gente
lo tiene por un bandido.
sábado, 20 de septiembre de 2008
Si bien la historia del Puto Chalero nos remonta a los tiempos del Inca, de la chica y la cueca, sabemos que su presencia fumística se ha manifestado en Buenos aires en los últimos tiempos. Ciertas calles, en ciertos barrios, ciertos atardeceres suelen ser más propicios que otros para su invocación.
Enrique Rocca, un frutero jubilado de Villa del Parque, cuenta, que una tarde de agosto allá por el 70, cuando recorría el confuso tramo de Simbrón – Gutiérrez – el tren, sintió unos fuertes retorcijones que presagiaban una inminente cagada. Desesperado buscó asilo entre las ramas de unos sauces que solían crecer a orillas de las vías del ferrocarril. Allí mientras evacuaba sus intestinos, cubierto de miradas indiscretas y acusantes, vio a unos niños que jugaban pelota. Los guardapolvos enrollados en el piso hacían de arco y ponían en evidencia la rateada. Era la hora de la siesta. Uno de los chicos gritó “gol de arquero vale doble”
Y fue en ese momento que Don Enrique observó como una presencia entre humística y sombreadora se aproximaba a los niños. Instintivamente pensó en defender a los niños (“il bambini”) pero al intentarse parar, apresurado, se enredó en los tiradores y cayó hacia atrás sentado en su propia montaña de excremento (“merda tutto il culo esfachato di merda”).
Cuando logró levantarse y limpiarse con unos yuyos que allí crecían los niños habían desaparecido. Solo un gato gris estaba sentado sobre los guardapolvos enrollados. Un gato gris con los ojos rojos y muchas, muchas, muchas ganas de wiskas con cocacola fría.
miércoles, 13 de agosto de 2008
Coplas al Puto Chalero

Coplas al Puto Chalero
Ayyyy mis llamitas perdidas
ayyyy mi coyuyo olvidado
donde estarán mis plantitas...
que turro las ha fumado
Oda a Roberto
Yo te creía perdido Roberto
pero estabas en tu huerto.
Yo nunca pude encontrarte
porque quería contarte
que aunque me tiemble el trazo
es todo culpa del faso.
Adonde fuiste Roberto
posiblemente estés muerto
fuiste a cultivar tu flor
y te mató la calor
Aún más, ciertas crónicas del barrio de Flores (sur) proponen que Roberto encontró una casa abandonada a orillas de la vía del Ferrocarril Sarmiento (antes Ferrocarril del Oeste)
En esa casa se instaló a modo de ocupa para cultivar floripondio y cucumelo sobre soretes de perros generosamente donados por paseadores chaleros de la zona.
Pero sin saberlo dispuso los canteros en forma de hoja canábica (años mas tarde sus detractores dirán que lo hizo a propósito), lo cual produjo una invocación mística y humística del Puto Chalero, él cual se le apareció en un borbotón de humo ceniciento... (que Roberto se apresuró a aspirar, pa´evitar el desperdicio) y le dijo ...
- Roberto.... deja el cucumelo para más tarde, no crecerá sobre estos soretes de perro alimentados a Dogui. Deja el cucumelo y búscame en los atardeceres de Parque Lezama, que yo te daré tu flor.-
Y así se perdió el rastro de Roberto, (un pibe de barrio) que salió de Flores (sur) hacia Parque Lezama en la Línea A de subte sin saber que solo llega hasta Plaza de Mayo.
No sabemos si se perdió en los túneles del subte o si quedó sentado en el sillón de Rivadavia y todo el mundo cree que es un adorno de la Rosada.
Lo que sabemos es que nunca llegó a Parque Lezama y el único contacto porteño con el Puto Chalero se perdió para siempre
FIN

viernes, 11 de julio de 2008
Las Crónicas del Puto Chalero
Los fragmentos que les presentamos fueron rescatados de la memoria colectiva, de la voz de juglares y de los pensamientos de los niños.
Nada está despierto debajo de tu cama cuando duermes. Pero seguro algo duerme debajo de tu cama cuando estás despierto.
Estás son sus vidas.