Algunas veces el hombre común, de pueblo, percibe en su cotidiana vida la idea atroz del apocalipsis. Y no estamos hablando, mi amigo, del Apocalipsis con mayúscula de las escrituras de ciertas religiones. No hablamos de cielos abriéndose, de fuego y escorpiones consumiendo la carne de los mortales. No, para nada, la gente de pueblo se acostumbra a tener apocalipsis más chiquitos, humildes, íntimos. Hablamos de la pregunta clara y concisa de “¿Y si me muero mañana?”. De esto hablamos un día con Bartolomé, en una de las mesas del boliche de Antúnez mientras el sol de noviembre tardaba en morirse, entre un gancia y otro.
- “Y así es, Blanco, mire, mañana, usted, yo, el viejo Antúnez. Cualquiera puede estar muerto mañana. Así como si nada estar simplemente muertos. Y el barrio ni enterado. Pero ante la idea de estar finado mañana, se impone siempre la idea de no estarlo, de zafar un día más.”
Y apuraba el gancia, dos sorbos interrumpidos por unos palitos salados.
- “No vaya a pensar que uno es pesimista. Lo único que digo es que lo bueno de vivir es saber que mañana podemos seguir vivos. Aún los condenados a muerte, los presos tienen la esperanza de escapar o que los indulten. Pero que haríamos si supiéramos con certeza, si tuviésemos la fija, que mañana se acaba la cosa.”
Yo lo miraba, para que le iba a contestar si él ya tenía respuestas a sus preguntas.
- “En la historia hubo uno solo, que lo supo y ya vio lo que hizo.”
-“¿Qué hizo?- me pareció más prudente que preguntar “quien”.
-“Se fue con doce amigos a comer afuera, de joda, sin putas ni cabaret, ni autos de carrera ni caballos. Solo doce amigos, vino y comida.”-
Lo miré. Solo conocía unos doce, que habían comido juntos la noche antes del final.
-“Y… ¿Sabe porque?-
No quería pero iba a tener que escucharlo, así que me acomodé en la silla. No se podía discutir con Bartolomé cuando hablaba “en materia”.
-“Porque ese es el único amor verdadero, mi amigo”- a no, no, no pensé y no dije- “el único amor verdadero es entre hombres. La mujer solo sabe amar a los hijos, y ama al hombre que sea el padre de sus hijos. Pero el amor, así sin interés, el amor de juntarnos a comer, el amor de moriremos con usted si hace falta o lo dejaremos morir sin quejarnos si usted lo pide. Ese amor solo se puede dar entre machos.”- yo miraba – “Ya sé. Es de putos, pensará usted. Pero en serio le digo. Usted o yo por ejemplo. ¿Cuántos amigos tenemos? Y me va a decir que no hay amor entre nosotros. Claro lo que pasa es que nos pudrieron la cabeza con que ni en pedo puede usarse el verbo amar entre machos. Nos llenaron de mierda la cabeza. ¿Quienes? Los curas, mi amigo. Ellos inventaron la mentira. Por eso de la familia. Inventaron el verso de la familia como centro. Que mierda va ser la familia el centro. El centro de la sociedad son los doce amigos cazando juntos. Esa es la sociedad humana doce cazadores, doce guerreros, doce amigos peleándola juntos. La Humanidad está formada por dos grupos, los hombres, juntos unidos en la amistad y en el amor verdadero. Y las hembras con las crías, en otro grupo más fuerte y con un amor distinto.”
Yo lo miraba y lo único que podía pensar es quien diría que Bartolomé era puto.
-“Pero que pasa con el sexo.”- ahora venia lo fuerte- “el sexo es pecado. ¿Por qué es pecado? Porque es el triunfo de la hembra sobre el macho, por eso lo digo e insisto en eso. Las hembras impusieron la mentira del amor entre hombres y mujeres. Simplemente para tener sexo al proveedor de comida de sus hijos. Por eso el sexo es pecado fuera del matrimonio. La calentura es la argolla que nos ata a la cadena del matrimonio.
Pero si ya lo dice la Biblia, cuando llegó la hora de morir, quienes estaban al lado del dios – hombre. Su amigo, su madre y una puta. Nada de familia, nada de hijitos llorando por ahí. La vieja, un amigo y un giro. Eso es todo lo que se puede pedir.”
Pedí la última vuelta de gancia y le hice notar a Antunez que el plato de palitos estaba vacío.
Hace un rato solo quería irme… ahora quería escuchar.
Miré el reloj. Bartolomé miro la puerta del baño.
-“Ahora vengo” - dijo.
-“Vaya nomás, que aquí lo espero.”-
- “Y así es, Blanco, mire, mañana, usted, yo, el viejo Antúnez. Cualquiera puede estar muerto mañana. Así como si nada estar simplemente muertos. Y el barrio ni enterado. Pero ante la idea de estar finado mañana, se impone siempre la idea de no estarlo, de zafar un día más.”
Y apuraba el gancia, dos sorbos interrumpidos por unos palitos salados.
- “No vaya a pensar que uno es pesimista. Lo único que digo es que lo bueno de vivir es saber que mañana podemos seguir vivos. Aún los condenados a muerte, los presos tienen la esperanza de escapar o que los indulten. Pero que haríamos si supiéramos con certeza, si tuviésemos la fija, que mañana se acaba la cosa.”
Yo lo miraba, para que le iba a contestar si él ya tenía respuestas a sus preguntas.
- “En la historia hubo uno solo, que lo supo y ya vio lo que hizo.”
-“¿Qué hizo?- me pareció más prudente que preguntar “quien”.
-“Se fue con doce amigos a comer afuera, de joda, sin putas ni cabaret, ni autos de carrera ni caballos. Solo doce amigos, vino y comida.”-
Lo miré. Solo conocía unos doce, que habían comido juntos la noche antes del final.
-“Y… ¿Sabe porque?-
No quería pero iba a tener que escucharlo, así que me acomodé en la silla. No se podía discutir con Bartolomé cuando hablaba “en materia”.
-“Porque ese es el único amor verdadero, mi amigo”- a no, no, no pensé y no dije- “el único amor verdadero es entre hombres. La mujer solo sabe amar a los hijos, y ama al hombre que sea el padre de sus hijos. Pero el amor, así sin interés, el amor de juntarnos a comer, el amor de moriremos con usted si hace falta o lo dejaremos morir sin quejarnos si usted lo pide. Ese amor solo se puede dar entre machos.”- yo miraba – “Ya sé. Es de putos, pensará usted. Pero en serio le digo. Usted o yo por ejemplo. ¿Cuántos amigos tenemos? Y me va a decir que no hay amor entre nosotros. Claro lo que pasa es que nos pudrieron la cabeza con que ni en pedo puede usarse el verbo amar entre machos. Nos llenaron de mierda la cabeza. ¿Quienes? Los curas, mi amigo. Ellos inventaron la mentira. Por eso de la familia. Inventaron el verso de la familia como centro. Que mierda va ser la familia el centro. El centro de la sociedad son los doce amigos cazando juntos. Esa es la sociedad humana doce cazadores, doce guerreros, doce amigos peleándola juntos. La Humanidad está formada por dos grupos, los hombres, juntos unidos en la amistad y en el amor verdadero. Y las hembras con las crías, en otro grupo más fuerte y con un amor distinto.”
Yo lo miraba y lo único que podía pensar es quien diría que Bartolomé era puto.
-“Pero que pasa con el sexo.”- ahora venia lo fuerte- “el sexo es pecado. ¿Por qué es pecado? Porque es el triunfo de la hembra sobre el macho, por eso lo digo e insisto en eso. Las hembras impusieron la mentira del amor entre hombres y mujeres. Simplemente para tener sexo al proveedor de comida de sus hijos. Por eso el sexo es pecado fuera del matrimonio. La calentura es la argolla que nos ata a la cadena del matrimonio.
Pero si ya lo dice la Biblia, cuando llegó la hora de morir, quienes estaban al lado del dios – hombre. Su amigo, su madre y una puta. Nada de familia, nada de hijitos llorando por ahí. La vieja, un amigo y un giro. Eso es todo lo que se puede pedir.”
Pedí la última vuelta de gancia y le hice notar a Antunez que el plato de palitos estaba vacío.
Hace un rato solo quería irme… ahora quería escuchar.
Miré el reloj. Bartolomé miro la puerta del baño.
-“Ahora vengo” - dijo.
-“Vaya nomás, que aquí lo espero.”-
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