Un melón como una pelota
redondea aspiraciones.
La trascendencia se mide
como un verdulero pesa duraznos con la mano.
Como cristo cartoneando
en cruz arrastro el carro redentor.
El durazno se pone blando al fin y se deshace.
Como se derrama el credo en murmullo.
La gloria se puede amontonar como cartones.
Cuando viene un melón numinoso,
se infla el recuerdo.
El melón lo infla como el papel mojado se infla.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
lunes, 3 de noviembre de 2008
MARTÍN CARTÓN
II
Ninguno me hable de penas,
porque yo penado vivo,
y naides se muestre canchero
aunque en el carro esté:
que suele quedarse a pie
el más alvertido cartonero.
Junta esperencia en la lleca
hasta pa dar y manguear
quien la tiene que patear
entre sufrimiento y llanto,
porque nada enseña tanto
como el sufrir y el llorar.
Viene el hombre pobre al mundo,
ilusionándolo la promesa,
y a poco andar ya lo alcanzan
las desgracias politiqueras,
¡la pucha, que trae pobreza
el gobierno con sus mudanzas!
Yo he conocido esta patria
en que el linyera vivía
y un ranchito tenía
y sus hijos y mujer…
era un empacho ver
como curaban los días.
Entonces… cuando el puntero
tiraba mangos pordioseros,
y los gatos con su hambre
nos decían que el día llegaba,
a la cocina rumbiaba
el gaucho… que un encanto.
Y sentao junto al jogón
a esperar que llegue el día,
al cimarrón le prendía
hasta ponerse rechoncho,
mientras su gata dormía
tapadita bajo colchón.
Y apenas la noche
empezaba madrugar,
los vecinos a limpiar,
y los pibes a chorear,
era cosa de largarse
cada cual a cartonear.
Este se ata las yantas,
se sale el otro fumando,
uno busca un cartón blando,
este un faso, otro un basural,
y los pingos relinchando
van por la ciudad.
El que era escuálido domador
regresaba a la Paternal,
ande estaba el animal
bufidos que se las pela …
y más malo que su agüela,
se hacia astillas el bagual.
Y allí el gaucho inteligente,
en cuanto el potro enriendó,
los cueros le acomodó
y se le sentó en seguida,
que el hombre muestra en la vida
la astucia que el Tata dio.
Y en las llecas corcoviando
cartones se hacía el sotreta
mientras por el empedrado
ahuecaba la gran vía,
y al ruido del galope pobre
salía haciendo gambetas.
¡Ah, tiempos!… ¡Si era un orgullo
ver cartonear un paisano!
Cuando era gaucho baquiano,
aunque el potro se boliase,
no había uno que no parese
con el caño en la mano.
Y mientras robaban unos,
otros a la ciudad salían
y la falopa recogían,
las manadas repuntaban,
y ansí sin sentir pasaban
entretenidos el día.
Y verlos al cair la tarde
en la cocina riunidos,
con el juego bien prendido
y mil cosas que contar,
drogarse muy divertidos
hasta después de cenar.
Y con el buche bien lleno
era cosa superior
irse en brazos del amor
a dormir como la gente,
pa empezar el día siguiente
las fainas del día anterior.
Ricuerdo ¡qué maravilla!
Cómo andaba la guachada
siempre alegre y bien fumada
y dispuesta pa el mangazo…
pero hoy en día… ¡bajonazo!
No se la ve de porriada.
El gaucho más infeliz
tenía algún carro rastrero,
le faltaba un consuelo
y andaba la gente pilla…
teniendo la ciudad a la vista,
sólo vía terraplén y cielo.
Cuando llegaban las putas,
¡cosa que daba calor!
Tanto gaucho pegador
y tironiador sin yel.
¡Ah, tiempos… pero si en él
se ha visto tanto coraje!
Aquello no era trabajo,
mas bien era injusticia,
y después de un güen tirón
en que uno se daba pepa,
pa darle un trago al cana
solía llamarlo el polizón.
Pues vivía la puta juana
siempre bajo la carreta,
y aquel que no era natalia,
en cuanto el rosquete abría,
sin miedo se la ponía
como güérfano a la teta.
¡Y qué jugadas se armaban
cuando estábamos riunidos!
Siempre íbamos enchufados,
pues en tales ocasiones
a ayudarle a los pendejos
caiban muchos comedidos.
Eran los días del apuro
y alboroto pa hambrunaje,
pa preparar los potajes
y osequiar bien a la gente,
y así, pues, muy grandemente,
pasaba siempre el pillaje.
Vení, a la carne con cuero,
la sabrosa guisada,
marihuana pien pisada,
los pasteles y el güen vino…
pero ha querido el destino
que todo aquello acabara.
Estaba el gaucho en su pago
con toda siguridá,
pero aura… ¡barbaridá!,
La cosa anda tan fruncida,
que gasta el pobre la vida
en juir de la autoridá.
Pues si usté pisa en su rancho
y si el gobierno lo sabe,
lo caza lo mesmo que ave
aunque su mujer aborte…
¡no hay tiempo que no se acabe
ni clientela que no se corte!.
Y al punto dese por muerto
si el gobierno lo bolea,
pues ahí nomás se le apea
con una felpa de palos;
Y después dicen que es malo
el gaucho si los chorea.
Y el lomo le hinchan a golpes,
y le rompen la cabeza,
y luego con ligereza,
ansí lastimao y todo,
lo amarran codo a codo
y pa el cepo lo enderiezan.
Áhi comienzan sus desgracias,
áhi principia el destino,
porque ya no hay salvación,
y que usté quiera o no quiera,
lo mandan a cartonear
y lo echan vía al tren..
Ansí empezaron mis males
lo mesmo que los de muy muchos;
si gustan… en otros chamuyos
les diré lo que he parido,
después que uno está… perdido
no lo salvan ni los chanchos.
Ninguno me hable de penas,
porque yo penado vivo,
y naides se muestre canchero
aunque en el carro esté:
que suele quedarse a pie
el más alvertido cartonero.
Junta esperencia en la lleca
hasta pa dar y manguear
quien la tiene que patear
entre sufrimiento y llanto,
porque nada enseña tanto
como el sufrir y el llorar.
Viene el hombre pobre al mundo,
ilusionándolo la promesa,
y a poco andar ya lo alcanzan
las desgracias politiqueras,
¡la pucha, que trae pobreza
el gobierno con sus mudanzas!
Yo he conocido esta patria
en que el linyera vivía
y un ranchito tenía
y sus hijos y mujer…
era un empacho ver
como curaban los días.
Entonces… cuando el puntero
tiraba mangos pordioseros,
y los gatos con su hambre
nos decían que el día llegaba,
a la cocina rumbiaba
el gaucho… que un encanto.
Y sentao junto al jogón
a esperar que llegue el día,
al cimarrón le prendía
hasta ponerse rechoncho,
mientras su gata dormía
tapadita bajo colchón.
Y apenas la noche
empezaba madrugar,
los vecinos a limpiar,
y los pibes a chorear,
era cosa de largarse
cada cual a cartonear.
Este se ata las yantas,
se sale el otro fumando,
uno busca un cartón blando,
este un faso, otro un basural,
y los pingos relinchando
van por la ciudad.
El que era escuálido domador
regresaba a la Paternal,
ande estaba el animal
bufidos que se las pela …
y más malo que su agüela,
se hacia astillas el bagual.
Y allí el gaucho inteligente,
en cuanto el potro enriendó,
los cueros le acomodó
y se le sentó en seguida,
que el hombre muestra en la vida
la astucia que el Tata dio.
Y en las llecas corcoviando
cartones se hacía el sotreta
mientras por el empedrado
ahuecaba la gran vía,
y al ruido del galope pobre
salía haciendo gambetas.
¡Ah, tiempos!… ¡Si era un orgullo
ver cartonear un paisano!
Cuando era gaucho baquiano,
aunque el potro se boliase,
no había uno que no parese
con el caño en la mano.
Y mientras robaban unos,
otros a la ciudad salían
y la falopa recogían,
las manadas repuntaban,
y ansí sin sentir pasaban
entretenidos el día.
Y verlos al cair la tarde
en la cocina riunidos,
con el juego bien prendido
y mil cosas que contar,
drogarse muy divertidos
hasta después de cenar.
Y con el buche bien lleno
era cosa superior
irse en brazos del amor
a dormir como la gente,
pa empezar el día siguiente
las fainas del día anterior.
Ricuerdo ¡qué maravilla!
Cómo andaba la guachada
siempre alegre y bien fumada
y dispuesta pa el mangazo…
pero hoy en día… ¡bajonazo!
No se la ve de porriada.
El gaucho más infeliz
tenía algún carro rastrero,
le faltaba un consuelo
y andaba la gente pilla…
teniendo la ciudad a la vista,
sólo vía terraplén y cielo.
Cuando llegaban las putas,
¡cosa que daba calor!
Tanto gaucho pegador
y tironiador sin yel.
¡Ah, tiempos… pero si en él
se ha visto tanto coraje!
Aquello no era trabajo,
mas bien era injusticia,
y después de un güen tirón
en que uno se daba pepa,
pa darle un trago al cana
solía llamarlo el polizón.
Pues vivía la puta juana
siempre bajo la carreta,
y aquel que no era natalia,
en cuanto el rosquete abría,
sin miedo se la ponía
como güérfano a la teta.
¡Y qué jugadas se armaban
cuando estábamos riunidos!
Siempre íbamos enchufados,
pues en tales ocasiones
a ayudarle a los pendejos
caiban muchos comedidos.
Eran los días del apuro
y alboroto pa hambrunaje,
pa preparar los potajes
y osequiar bien a la gente,
y así, pues, muy grandemente,
pasaba siempre el pillaje.
Vení, a la carne con cuero,
la sabrosa guisada,
marihuana pien pisada,
los pasteles y el güen vino…
pero ha querido el destino
que todo aquello acabara.
Estaba el gaucho en su pago
con toda siguridá,
pero aura… ¡barbaridá!,
La cosa anda tan fruncida,
que gasta el pobre la vida
en juir de la autoridá.
Pues si usté pisa en su rancho
y si el gobierno lo sabe,
lo caza lo mesmo que ave
aunque su mujer aborte…
¡no hay tiempo que no se acabe
ni clientela que no se corte!.
Y al punto dese por muerto
si el gobierno lo bolea,
pues ahí nomás se le apea
con una felpa de palos;
Y después dicen que es malo
el gaucho si los chorea.
Y el lomo le hinchan a golpes,
y le rompen la cabeza,
y luego con ligereza,
ansí lastimao y todo,
lo amarran codo a codo
y pa el cepo lo enderiezan.
Áhi comienzan sus desgracias,
áhi principia el destino,
porque ya no hay salvación,
y que usté quiera o no quiera,
lo mandan a cartonear
y lo echan vía al tren..
Ansí empezaron mis males
lo mesmo que los de muy muchos;
si gustan… en otros chamuyos
les diré lo que he parido,
después que uno está… perdido
no lo salvan ni los chanchos.
domingo, 2 de noviembre de 2008
Los comulgados
Algunas veces el hombre común, de pueblo, percibe en su cotidiana vida la idea atroz del apocalipsis. Y no estamos hablando, mi amigo, del Apocalipsis con mayúscula de las escrituras de ciertas religiones. No hablamos de cielos abriéndose, de fuego y escorpiones consumiendo la carne de los mortales. No, para nada, la gente de pueblo se acostumbra a tener apocalipsis más chiquitos, humildes, íntimos. Hablamos de la pregunta clara y concisa de “¿Y si me muero mañana?”. De esto hablamos un día con Bartolomé, en una de las mesas del boliche de Antúnez mientras el sol de noviembre tardaba en morirse, entre un gancia y otro.
- “Y así es, Blanco, mire, mañana, usted, yo, el viejo Antúnez. Cualquiera puede estar muerto mañana. Así como si nada estar simplemente muertos. Y el barrio ni enterado. Pero ante la idea de estar finado mañana, se impone siempre la idea de no estarlo, de zafar un día más.”
Y apuraba el gancia, dos sorbos interrumpidos por unos palitos salados.
- “No vaya a pensar que uno es pesimista. Lo único que digo es que lo bueno de vivir es saber que mañana podemos seguir vivos. Aún los condenados a muerte, los presos tienen la esperanza de escapar o que los indulten. Pero que haríamos si supiéramos con certeza, si tuviésemos la fija, que mañana se acaba la cosa.”
Yo lo miraba, para que le iba a contestar si él ya tenía respuestas a sus preguntas.
- “En la historia hubo uno solo, que lo supo y ya vio lo que hizo.”
-“¿Qué hizo?- me pareció más prudente que preguntar “quien”.
-“Se fue con doce amigos a comer afuera, de joda, sin putas ni cabaret, ni autos de carrera ni caballos. Solo doce amigos, vino y comida.”-
Lo miré. Solo conocía unos doce, que habían comido juntos la noche antes del final.
-“Y… ¿Sabe porque?-
No quería pero iba a tener que escucharlo, así que me acomodé en la silla. No se podía discutir con Bartolomé cuando hablaba “en materia”.
-“Porque ese es el único amor verdadero, mi amigo”- a no, no, no pensé y no dije- “el único amor verdadero es entre hombres. La mujer solo sabe amar a los hijos, y ama al hombre que sea el padre de sus hijos. Pero el amor, así sin interés, el amor de juntarnos a comer, el amor de moriremos con usted si hace falta o lo dejaremos morir sin quejarnos si usted lo pide. Ese amor solo se puede dar entre machos.”- yo miraba – “Ya sé. Es de putos, pensará usted. Pero en serio le digo. Usted o yo por ejemplo. ¿Cuántos amigos tenemos? Y me va a decir que no hay amor entre nosotros. Claro lo que pasa es que nos pudrieron la cabeza con que ni en pedo puede usarse el verbo amar entre machos. Nos llenaron de mierda la cabeza. ¿Quienes? Los curas, mi amigo. Ellos inventaron la mentira. Por eso de la familia. Inventaron el verso de la familia como centro. Que mierda va ser la familia el centro. El centro de la sociedad son los doce amigos cazando juntos. Esa es la sociedad humana doce cazadores, doce guerreros, doce amigos peleándola juntos. La Humanidad está formada por dos grupos, los hombres, juntos unidos en la amistad y en el amor verdadero. Y las hembras con las crías, en otro grupo más fuerte y con un amor distinto.”
Yo lo miraba y lo único que podía pensar es quien diría que Bartolomé era puto.
-“Pero que pasa con el sexo.”- ahora venia lo fuerte- “el sexo es pecado. ¿Por qué es pecado? Porque es el triunfo de la hembra sobre el macho, por eso lo digo e insisto en eso. Las hembras impusieron la mentira del amor entre hombres y mujeres. Simplemente para tener sexo al proveedor de comida de sus hijos. Por eso el sexo es pecado fuera del matrimonio. La calentura es la argolla que nos ata a la cadena del matrimonio.
Pero si ya lo dice la Biblia, cuando llegó la hora de morir, quienes estaban al lado del dios – hombre. Su amigo, su madre y una puta. Nada de familia, nada de hijitos llorando por ahí. La vieja, un amigo y un giro. Eso es todo lo que se puede pedir.”
Pedí la última vuelta de gancia y le hice notar a Antunez que el plato de palitos estaba vacío.
Hace un rato solo quería irme… ahora quería escuchar.
Miré el reloj. Bartolomé miro la puerta del baño.
-“Ahora vengo” - dijo.
-“Vaya nomás, que aquí lo espero.”-
- “Y así es, Blanco, mire, mañana, usted, yo, el viejo Antúnez. Cualquiera puede estar muerto mañana. Así como si nada estar simplemente muertos. Y el barrio ni enterado. Pero ante la idea de estar finado mañana, se impone siempre la idea de no estarlo, de zafar un día más.”
Y apuraba el gancia, dos sorbos interrumpidos por unos palitos salados.
- “No vaya a pensar que uno es pesimista. Lo único que digo es que lo bueno de vivir es saber que mañana podemos seguir vivos. Aún los condenados a muerte, los presos tienen la esperanza de escapar o que los indulten. Pero que haríamos si supiéramos con certeza, si tuviésemos la fija, que mañana se acaba la cosa.”
Yo lo miraba, para que le iba a contestar si él ya tenía respuestas a sus preguntas.
- “En la historia hubo uno solo, que lo supo y ya vio lo que hizo.”
-“¿Qué hizo?- me pareció más prudente que preguntar “quien”.
-“Se fue con doce amigos a comer afuera, de joda, sin putas ni cabaret, ni autos de carrera ni caballos. Solo doce amigos, vino y comida.”-
Lo miré. Solo conocía unos doce, que habían comido juntos la noche antes del final.
-“Y… ¿Sabe porque?-
No quería pero iba a tener que escucharlo, así que me acomodé en la silla. No se podía discutir con Bartolomé cuando hablaba “en materia”.
-“Porque ese es el único amor verdadero, mi amigo”- a no, no, no pensé y no dije- “el único amor verdadero es entre hombres. La mujer solo sabe amar a los hijos, y ama al hombre que sea el padre de sus hijos. Pero el amor, así sin interés, el amor de juntarnos a comer, el amor de moriremos con usted si hace falta o lo dejaremos morir sin quejarnos si usted lo pide. Ese amor solo se puede dar entre machos.”- yo miraba – “Ya sé. Es de putos, pensará usted. Pero en serio le digo. Usted o yo por ejemplo. ¿Cuántos amigos tenemos? Y me va a decir que no hay amor entre nosotros. Claro lo que pasa es que nos pudrieron la cabeza con que ni en pedo puede usarse el verbo amar entre machos. Nos llenaron de mierda la cabeza. ¿Quienes? Los curas, mi amigo. Ellos inventaron la mentira. Por eso de la familia. Inventaron el verso de la familia como centro. Que mierda va ser la familia el centro. El centro de la sociedad son los doce amigos cazando juntos. Esa es la sociedad humana doce cazadores, doce guerreros, doce amigos peleándola juntos. La Humanidad está formada por dos grupos, los hombres, juntos unidos en la amistad y en el amor verdadero. Y las hembras con las crías, en otro grupo más fuerte y con un amor distinto.”
Yo lo miraba y lo único que podía pensar es quien diría que Bartolomé era puto.
-“Pero que pasa con el sexo.”- ahora venia lo fuerte- “el sexo es pecado. ¿Por qué es pecado? Porque es el triunfo de la hembra sobre el macho, por eso lo digo e insisto en eso. Las hembras impusieron la mentira del amor entre hombres y mujeres. Simplemente para tener sexo al proveedor de comida de sus hijos. Por eso el sexo es pecado fuera del matrimonio. La calentura es la argolla que nos ata a la cadena del matrimonio.
Pero si ya lo dice la Biblia, cuando llegó la hora de morir, quienes estaban al lado del dios – hombre. Su amigo, su madre y una puta. Nada de familia, nada de hijitos llorando por ahí. La vieja, un amigo y un giro. Eso es todo lo que se puede pedir.”
Pedí la última vuelta de gancia y le hice notar a Antunez que el plato de palitos estaba vacío.
Hace un rato solo quería irme… ahora quería escuchar.
Miré el reloj. Bartolomé miro la puerta del baño.
-“Ahora vengo” - dijo.
-“Vaya nomás, que aquí lo espero.”-
sábado, 1 de noviembre de 2008
MARTÍN CARTÓN. POEMA GAUCHO
MARTÍN CARTÓN. POEMA GAUCHO
Aquí me pongo a chantar
Al pedir de la cerveza,
Que el hombre que lo despierta
Una bocina estraordinaria
Como la rata solitaria
Con el maullar se consuela.
Pido a punteros del gobierno
Que compren mi pensamiento;
Les pido en este momento
Que voy a contar mi historia
Me sequen la memoria
Y quemen mi entendimiento.
Vengan pastores milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la bronca se me añuda
Y me turba pensar;
Pido a Dios que me asista
En una ocasión tan cruda.
Yo he visto muchos cartones,
Con famas bien obtenidas,
Y que después de adquiridas
No quieren reciclar
Parece sin venderlas
se cansaron repartirlas
Mas ande otro pillo pasa
Martín Cartón ha de pasar;
nada lo hace recular
ni los pacos lo espantan,
y dende que todos fuman
yo también quiero fumar.
Fumando me he de morir
fumando me han de enterrar,
Y fumando he de llegar
Al pie del eterno padre:
Dende el vientre de mi madre
Vine a este mundo a gritar.
Que no se trabe mi lengua
Ni me falte la palabra:
El chupar mi gloria labra
Y poniéndome a chupar,
chupando me he de fumar
Aunque el cielo se abra.
Me siento al lado del tren
A gritar un cuento:
Como si soplara el gobierno
Hago tiritar los pacos;
Con picas, birra y fasos
Juega allí mi pensamiento.
Yo no soy pueta letrao,
Mas si me pongo a mentir
No tengo cuándo acabar
Y me envejezco verseando:
Las vinos me voy tomando
Como agua de manantial.
Con el carro en la mano
Ni las chusmas se me arriman,
Naides me pone el pie encima,
Y cuando el pecho se agota,
Hago gemir a la vecina
Y llorar a la gordona.
Yo soy gato en mi rodeo
Y poli en rodeo ajeno;
Siempre me tuve por güeno
Y si me quieren probar,
Salgan otros a robar
Y veremos quién es menos.
No me hago al lao de la yuta
Aunque vengan degollando,
Con los putos yo soy puto
Y soy pillo con los pillos,
Y ninguno en un apuro
Me ha visto andar cagando.
En el peligro, ¡qué Jesus!
El corazón se me enancha,
Pues toda la patria es cancha,
Y de eso naides se pille:
El que se tiene por gato
Ande quiere hace pata ancha.
Soy gaucho, y entiendaló
Como mi lengua lo esplica:
Para mí la ciudad es chica
Y pudiera ser mayor;
Ni la pasta me pica
Ni quema mi frente el sol
Nací como nace el pobre
En el fondo de la mar;
Naides me puede quitar
Aquello que Dios robó
Lo que al mundo ratee yo
Del mundo lo he de llevar.
Mi gloria es vivir tan libre
Como el pobre del sanjón:
hago nido en este suelo
Ande hay tanto que sufrir,
Y naides me ha de echar
si un techo he de levantar.
Yo no tengo en la vida
Quien me venga con quejas;
Como esas chicas tan bellas
Que saltan de tarde,
Yo hago en el pozo mi cama,
Y me cubren las estrellas.
Y sepan cuantos lloran
De mis penas el relato,
Que nunca robo ni mato
Sino por necesidá,
Y que a tanta alversidá
Sólo me arrojó al mal patrio
Y recuerden la relación
de un gaucho cartoneando,
que padre y marido ha sido
vendido y dirigente,
y sin embargo la gente
lo tiene por un bandido.
Aquí me pongo a chantar
Al pedir de la cerveza,
Que el hombre que lo despierta
Una bocina estraordinaria
Como la rata solitaria
Con el maullar se consuela.
Pido a punteros del gobierno
Que compren mi pensamiento;
Les pido en este momento
Que voy a contar mi historia
Me sequen la memoria
Y quemen mi entendimiento.
Vengan pastores milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la bronca se me añuda
Y me turba pensar;
Pido a Dios que me asista
En una ocasión tan cruda.
Yo he visto muchos cartones,
Con famas bien obtenidas,
Y que después de adquiridas
No quieren reciclar
Parece sin venderlas
se cansaron repartirlas
Mas ande otro pillo pasa
Martín Cartón ha de pasar;
nada lo hace recular
ni los pacos lo espantan,
y dende que todos fuman
yo también quiero fumar.
Fumando me he de morir
fumando me han de enterrar,
Y fumando he de llegar
Al pie del eterno padre:
Dende el vientre de mi madre
Vine a este mundo a gritar.
Que no se trabe mi lengua
Ni me falte la palabra:
El chupar mi gloria labra
Y poniéndome a chupar,
chupando me he de fumar
Aunque el cielo se abra.
Me siento al lado del tren
A gritar un cuento:
Como si soplara el gobierno
Hago tiritar los pacos;
Con picas, birra y fasos
Juega allí mi pensamiento.
Yo no soy pueta letrao,
Mas si me pongo a mentir
No tengo cuándo acabar
Y me envejezco verseando:
Las vinos me voy tomando
Como agua de manantial.
Con el carro en la mano
Ni las chusmas se me arriman,
Naides me pone el pie encima,
Y cuando el pecho se agota,
Hago gemir a la vecina
Y llorar a la gordona.
Yo soy gato en mi rodeo
Y poli en rodeo ajeno;
Siempre me tuve por güeno
Y si me quieren probar,
Salgan otros a robar
Y veremos quién es menos.
No me hago al lao de la yuta
Aunque vengan degollando,
Con los putos yo soy puto
Y soy pillo con los pillos,
Y ninguno en un apuro
Me ha visto andar cagando.
En el peligro, ¡qué Jesus!
El corazón se me enancha,
Pues toda la patria es cancha,
Y de eso naides se pille:
El que se tiene por gato
Ande quiere hace pata ancha.
Soy gaucho, y entiendaló
Como mi lengua lo esplica:
Para mí la ciudad es chica
Y pudiera ser mayor;
Ni la pasta me pica
Ni quema mi frente el sol
Nací como nace el pobre
En el fondo de la mar;
Naides me puede quitar
Aquello que Dios robó
Lo que al mundo ratee yo
Del mundo lo he de llevar.
Mi gloria es vivir tan libre
Como el pobre del sanjón:
hago nido en este suelo
Ande hay tanto que sufrir,
Y naides me ha de echar
si un techo he de levantar.
Yo no tengo en la vida
Quien me venga con quejas;
Como esas chicas tan bellas
Que saltan de tarde,
Yo hago en el pozo mi cama,
Y me cubren las estrellas.
Y sepan cuantos lloran
De mis penas el relato,
Que nunca robo ni mato
Sino por necesidá,
Y que a tanta alversidá
Sólo me arrojó al mal patrio
Y recuerden la relación
de un gaucho cartoneando,
que padre y marido ha sido
vendido y dirigente,
y sin embargo la gente
lo tiene por un bandido.
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