lunes, 3 de noviembre de 2008

MARTÍN CARTÓN

II

Ninguno me hable de penas,
porque yo penado vivo,
y naides se muestre canchero
aunque en el carro esté:
que suele quedarse a pie
el más alvertido cartonero.

Junta esperencia en la lleca
hasta pa dar y manguear
quien la tiene que patear
entre sufrimiento y llanto,
porque nada enseña tanto
como el sufrir y el llorar.

Viene el hombre pobre al mundo,
ilusionándolo la promesa,
y a poco andar ya lo alcanzan
las desgracias politiqueras,
¡la pucha, que trae pobreza
el gobierno con sus mudanzas!

Yo he conocido esta patria
en que el linyera vivía
y un ranchito tenía
y sus hijos y mujer…
era un empacho ver
como curaban los días.

Entonces… cuando el puntero
tiraba mangos pordioseros,
y los gatos con su hambre
nos decían que el día llegaba,
a la cocina rumbiaba
el gaucho… que un encanto.

Y sentao junto al jogón
a esperar que llegue el día,
al cimarrón le prendía
hasta ponerse rechoncho,
mientras su gata dormía
tapadita bajo colchón.

Y apenas la noche
empezaba madrugar,
los vecinos a limpiar,
y los pibes a chorear,
era cosa de largarse
cada cual a cartonear.

Este se ata las yantas,
se sale el otro fumando,
uno busca un cartón blando,
este un faso, otro un basural,
y los pingos relinchando
van por la ciudad.

El que era escuálido domador
regresaba a la Paternal,
ande estaba el animal
bufidos que se las pela …
y más malo que su agüela,
se hacia astillas el bagual.

Y allí el gaucho inteligente,
en cuanto el potro enriendó,
los cueros le acomodó
y se le sentó en seguida,
que el hombre muestra en la vida
la astucia que el Tata dio.

Y en las llecas corcoviando
cartones se hacía el sotreta
mientras por el empedrado
ahuecaba la gran vía,
y al ruido del galope pobre
salía haciendo gambetas.

¡Ah, tiempos!… ¡Si era un orgullo
ver cartonear un paisano!
Cuando era gaucho baquiano,
aunque el potro se boliase,
no había uno que no parese
con el caño en la mano.

Y mientras robaban unos,
otros a la ciudad salían
y la falopa recogían,
las manadas repuntaban,
y ansí sin sentir pasaban
entretenidos el día.

Y verlos al cair la tarde
en la cocina riunidos,
con el juego bien prendido
y mil cosas que contar,
drogarse muy divertidos
hasta después de cenar.

Y con el buche bien lleno
era cosa superior
irse en brazos del amor
a dormir como la gente,
pa empezar el día siguiente
las fainas del día anterior.

Ricuerdo ¡qué maravilla!
Cómo andaba la guachada
siempre alegre y bien fumada
y dispuesta pa el mangazo…
pero hoy en día… ¡bajonazo!
No se la ve de porriada.

El gaucho más infeliz
tenía algún carro rastrero,
le faltaba un consuelo
y andaba la gente pilla…
teniendo la ciudad a la vista,
sólo vía terraplén y cielo.

Cuando llegaban las putas,
¡cosa que daba calor!
Tanto gaucho pegador
y tironiador sin yel.
¡Ah, tiempos… pero si en él
se ha visto tanto coraje!

Aquello no era trabajo,
mas bien era injusticia,
y después de un güen tirón
en que uno se daba pepa,
pa darle un trago al cana
solía llamarlo el polizón.

Pues vivía la puta juana
siempre bajo la carreta,
y aquel que no era natalia,
en cuanto el rosquete abría,
sin miedo se la ponía
como güérfano a la teta.

¡Y qué jugadas se armaban
cuando estábamos riunidos!
Siempre íbamos enchufados,
pues en tales ocasiones
a ayudarle a los pendejos
caiban muchos comedidos.

Eran los días del apuro
y alboroto pa hambrunaje,
pa preparar los potajes
y osequiar bien a la gente,
y así, pues, muy grandemente,
pasaba siempre el pillaje.

Vení, a la carne con cuero,
la sabrosa guisada,
marihuana pien pisada,
los pasteles y el güen vino…
pero ha querido el destino
que todo aquello acabara.

Estaba el gaucho en su pago
con toda siguridá,
pero aura… ¡barbaridá!,
La cosa anda tan fruncida,
que gasta el pobre la vida
en juir de la autoridá.

Pues si usté pisa en su rancho
y si el gobierno lo sabe,
lo caza lo mesmo que ave
aunque su mujer aborte…
¡no hay tiempo que no se acabe
ni clientela que no se corte!.

Y al punto dese por muerto
si el gobierno lo bolea,
pues ahí nomás se le apea
con una felpa de palos;
Y después dicen que es malo
el gaucho si los chorea.

Y el lomo le hinchan a golpes,
y le rompen la cabeza,
y luego con ligereza,
ansí lastimao y todo,
lo amarran codo a codo
y pa el cepo lo enderiezan.

Áhi comienzan sus desgracias,
áhi principia el destino,
porque ya no hay salvación,
y que usté quiera o no quiera,
lo mandan a cartonear
y lo echan vía al tren..

Ansí empezaron mis males
lo mesmo que los de muy muchos;
si gustan… en otros chamuyos
les diré lo que he parido,
después que uno está… perdido
no lo salvan ni los chanchos.

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